Cordial (dedicado a los vendedores ambulantes y comerciales a puerta fría)

Qué le costará a la gente ser cordial. No me extraña que no se venda, la verdad. Mejoraría la cosa, o al menos la satisfacción del cliente, con un poco de amabilidad.

¿Me equivoco cuando digo que la mitad de los dependientes ni se enteran de que entras? El otro día en un chiringuito en Portonovo me atendieron mejor que en muchas tiendas. Estaba el chico al otro lado del “bunker” de ropa y me salió al encuentro. Y yo ni lo había visto.
A esto deberían llamarlo ser de-“pendiente”, estar pendiente, atento. Al resto, vigilante de brazos cruzados o portero. Aún recuerdo una “dependienta” de una tienda muy chic en Santiago. Entré, me recorrí el local y, o ni se enteró ,o ni saludó.

Repito: ¿Y después quieren que se venda? Vale que la cosa está muy mal. Pero si no ponemos un mínimo esfuerzo por nuestra parte, peor irá.

Yo cuando trabajaba en una tienda de complementos en París, (muy mona por cierto, Diwali) tenía que dar los buenos días incluso al que asomaba por la puerta la nariz.

Sin embargo, hoy no me quejo de eso.
Hoy me quejo de los dependientes o comerciantes, que si no quieren dar lo máximo en su trabajo, pues allá ellos, pero al menos que dejen a los demás hacer el suyo. Escucha o trata con un mínimo de educación, mira a la cara cuando te hablan, escucha con atención (aunque sea fingida) que somos personas joder, y también vendemos para comer.
Un poco de empatía por favor. Al menos su sueldo no depende íntegramente de lo que venden, tienen un local y techo bajo el que ejercer, y pueden seguir trabajando al abrigo, aunque fuera vean llover, mientras una infatigable pero triste comercial deambula peleando con el paraguas, bajo el brazo la carpeta, buscando el siguiente cliente al que vender.