Bendición del útero

             Después de dos días al más puro estilo “superficial”, poniéndome toda guapa y sacando fotos monas con Patri para el catálogo del desfile, ayer me toca cuidar un poco más mi lado espiritual. Así pues, me he ido a una “Bendición del útero” guiada por mi amiga Cris. ¿Y qué es una “Bendición del útero”? (No, no es ir a la iglesia y que el cura te eche agua por la barriga).

Intentaré simplificar, para no ser pesada y no asustar (en posts venideros ya iré explicando en mayor profundidad). A grandes rasgos, se trata de un encuentro a nivel internacional, en que mujeres se juntan a unas determinadas horas para meditar, recibir y conectar con la energía del universo y la energía femenina. Y es que estamos en una era en que predomina la energía masculina (caracterizada por la acción, pensamiento lógico y racional, el orden y el control) mientras que la femenina ha quedado relegada y se considera que no vale (emociones, sentimientos, magia e intuición).

Así que ayer nos juntamos, ya que había luna llena. Diréis que es una tontería pero sí que influye en nuestro estado de ánimo. Ya van varias personas que me dicen esta misma semana que están de malhumor y creen que es por eso.

-¿Esto cómo se llama? ¿Altar… o santuario? Pregunto yo, mientras escribía en mi libreta, refiriéndome al centro donde habíamos reunido objetos valiosos para nosotras. -Un altar -me explica Cris. Un santuario es más dirigido hacia un santo determinado, en un altar se pueden dar varios.

Entonces dice una chica:
-Yo allí en mi casa me hice un altarcito y puse una estatuilla de cada: de Jesús, un buda, una estatua zen y una de danza africana.
-¡Qué guay! ¡Uno de cada continente! -exclamo yo.
-Sí, ¿y sabes qué? No se pelean

-Es cierto… Los que nos peleamos somos los humanos… Esta chica, que también nos contaba que desde que inició meditación y vida zen, ha reducido el consumo de tabaco y por completo el de ansiolíticos, después de diez años, decía:
-Yo voy probando cosas, se trata de aprender de todo, y escoger…

 

Y este es mi pequeño altar:

-En primer lugar, ¡mi libreta para anotar!

-Mi crucifijo de la mesilla de noche, simbolizando la fe en Dios… y en mí.

-Mis bolis para escribir.

-Mi subrayador amarillo para “iluminar”.

-Mis gafas, para tener visión, física y mental.

-Una pulserita hecha por mi primita de 9 años, simbolizando la familia.

-Otra de Acnur, simbolizando mi compromiso social (y que aunque me paren por la calle para hacerme socia y diga que ya colaboro con dos asociaciones, no soy capaz de rechazar)

-Un botito de oro líquido que compré cuando fui a Santiago, para atraer riqueza.

-Mi mp4: cómo no, mi música y mi pasión, ¡bailar!

-Las llaves del coche, para conducirme bien por la vida, con un remo como llavero, para navegar…

Y tú, ¿qué pondrías en tu altar?

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