Blogs y lecciones de peluquería

Estimados lectores,

Después de un tiempo de descanso, tras seis meses de intenso trabajo como distribuidora… Lucía vuelve a la carga (a la carga de tinta, ¡o más bien a la descarga!)

Y es que hoy he decidido que voy a escribir mi blog.

Azares de la vida, buscando buscando trabajo, me he ido a preguntar a la Cámara de Comercio de Pontevedra qué perfiles buscan las empresas (si es que buscan alguno) y la chica, supermaja, además de pasarse hora y media conmigo asesorándome sobre mi perfil laboral y currículum, me ha recomendado ir a una determinada orientadora del INEM.

Pido cita para que me atienda, y hete aquí que la susodicha orientadora me empezó hablando de los cursos que mejor complementaban mi perfil… y una hora después y tras darse cuenta de lo que me gustaba escribir, acabó aconsejándome que creara mi blog. Resulta que era fanática de los mismos, así que salí de allí convencida de que podía buscar una salida laboral haciendo algo que me apasiona, escribir…

Os aseguro que salí de allí mirando al cielo, con aires renovados, y dedicida a no buscar trabajo, si no a CREAR el mío propio. Si es que lo veo, ¡LO VEO!

Fue un día genial, de estos que son “punto de inflexión”. Y además…

Mi peluquero me ha dicho que estoy tremenda, que soy guapa y estoy monísima  y estupenda, que tengo estilo ¡y que cualquier cosa que me haga en el pelo me va a quedar bien!

Esto vino porque mi mejor amiga me habló de un taller para peluqueros profesionales, organizado por Manuel Novoa. Tú te ibas a cortar el pelo de forma gratuita y claro, si querías que te lo cortaran, tenías que dejarte hacer.

En la clase, impartida por Vicente Nicolás, este iba hablando con las clientas, cada una sentadita con la peluquera/peluquero que le había tocado (la peluquera/peluquero de pie) e iban acordando qué corte hacer.

A mí Vicente me proponía algo que supuestamente es la moda del verano y no sé cómo se llamaba, dijo algo de “envolvente” y luego la raza de un perro, sabueso o algo así.

A mí el corte no me gustaba nada, porque lo llevaba una chica que ya se lo había hecho por la mañana y a mí me parecía sacado de los años 80, aún por encima con mi pelo que enseguida se pone ancho, todavía peor.

Y con aquel flequillo que tapaba los ojos…

¡No eso no!

Entonces escucho que dice a una chica cerca mía.

Te voy a hacer un estudio ergonométrico.

¿Un estudio ergonométrico”?  ¿¿Pero eso qué es?? (no lo preguntó nadie pero seguro que lo pensaron todas las cabezas,-en concreto todas las “cabelleras”-).

Coge entonces Vicente a la susodicha chica a la que va a hacer el estudio. Le dice:

-Ponte de pie.
Camina de aquí allí, vuelve atrás.
Sigue caminando… Otra vez.

Hasta que le dice…

-Vale, ya  te puedes sentar.

Y todas con ojos como platos, deseando oír el veredicto final.

-Eres bajita. Y al llevar el pelo largo, aplastado, eso aún te hace más bajita. Mira, prueba a subírtelo así con más volumen…

Enseguida salto yo, como soy, toda emocionada:

-¡Yo quiero que me hagas un estudio ergonométrico de esos!

-Tranquila tranquila, ahora voy… -responde Vicente.

Y cuando viene, me suelta:

-Pues tú hija mía… eres alta y además estás tremenda. Eres guapa y estás monísima, tienes estilo y cualquier cosa que te pongas te va a quedar bien.

Después de eso claro, caes rendida a sus pies y le dices, cómo no “hazme lo que quieras” (en el pelo, se entiende).

Así que allá se fue por las tijeras, dirigiendo a la peluquera que me había tocado.

Yo insistía en que aquel corte no, ¡mi pelo no! Si me quisiera casar en los 30, ya no lo podría hacer con melena, porque de allí a que me creciera… ¡¡Socorro!!!

Y él que hiciera lo que quisiera, pero que un corte así me iba a dar más vida al pelo.

Y claro, como lo ves tan seguro y profesional…

Al final confié en él y dejé a mi peluquera hacer. Deseando al día siguiente arrepentirme… de haberme quejado tanto.

Así que, tres horas después, de casi morderme las uñas (en serio, si tuviese por hábito mordérmelas, me las hubiera mordido) con temor a perder  mi pelo, me decidí a por el cambio. ¡De perdidos al río! Decía yo a la amiga que me acompañaba, que aún era más indecisa que yo.

Al final me quedo, con un pelo super corto, que no sé lo que es. Y un flequillo todo largo y voluminoso que casi me tapa los ojos.

Yo insistía en ponerlo de lado, básicamente para ver…

Cuando vuelvo toda quejosa (y con muchos centímetros menos de melena) a Manuel, me dice que el corte lo tengo que defender, ES EL MIO, Y ESTÁ BIEN… ¡Ponlo así para delante mujer!

¡Aún por encima lo habrá que creer!

_______________________________

Ya en casa, hablo con mi amiga por teléfono, la que me recomendó el taller.

-Qué, ¿te cortaste el pelo?

Le cuento todo, mientras delante del espejo intento arreglarme el flequillo poniéndolo por delante de los ojos, como me había recomendado Manuel.

-Bueno y entonces, ¿cómo lo ves? -pregunta mi amiga, curiosa.

-Pues la verdad… no lo veo, literalmente ¡tanto flequillo no me deja ver!

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*Al día siguiente ya estaba encantada con el corte de pelo. Me vino bien y además como dice mi amiga Cristina del centro de Terapias Alternativas, ¡implica cambio de energías!

**Gracias a Manuel Novoa y a Vicente Nicolás.

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