Deja que las sillas se expresen libremente

Estos días me ha tocado estar de prácticas (o más bien miniprácticas, pues duran sólo una semana) tras mi curso de Márketing por el Inem. Estas son algunas de las perlas que me ha dejado Miguel, de quien estaba a cargo  (y de quien no diré nada bueno… que lo va a leer).

Después de elaborar una presentación en inglés de la empresa (que realicé encantada pues con unas prácticas de una semana no imaginaba que me permitiesen hacer gran cosa) nos dirigimos a un restaurante a reservar para un grupo de socios europeos que llegaban el día siguiente.
De camino, charlando sobre la amabilidad del dueño del bar esta mañana (más en mi relato “Que tenga muy buen día”), menciono que cuando trabajaba en una tienda en París, me enseñaron a sonreír, saludar y poner buena cara a todo aquel que entraba, pero me extrañaba que lo hicieran en un bar con cada cliente al entrar.
-¿¿Trabajaste en una tienda en París?? -exclama Miguel- ¡¡eso no me lo contaste en la entrevista ayer!!
-A ver, no te iba a contar cada detalle…
-¡Pues eso no puede ser! ¡Tenemos que dar vuelta hacia la oficina y repetir la entrevista!
Al pasar por delante de la Comisaría de Policía en Vigo, recordé cuando me robaron la cartera trabajando como distribuidora en R…
-¡Qué cosas divertidas te pasan!
-La verdad es que sí… luego las escribo en mi blog.
– ¿Y vamos a aparecer nosotros también? -Pregunta todo emocionado.
-Pues depende… ¡a ver!
Llegamos al restaurante. Con un grupo de turcos, polacos, franceses e italianos al día siguiente, ya me veía de intérprete. Así que le digo al camarero:
-¿Me dejas ver el menú para aprendérmelo?
-¡¡No!! Me interrumpe Miguel, que si no no dejas lugar para la improvisación, ¡con lo divertido que es traducir improvisando el menú! ¡ya verás!
-Jajajaja.
-Creo que te has ganado aparecer en mi blog -confieso al salir.
-¡Ya te lo dije yo! ¡Y eso que aún me acabas de conocer!
-¿Cómo te queires llamar en mis relatos?
-Pues… puedes ponerme Miguel, a menos que vayas a decir”ese chiflado” o “esa panda de locos”. En ese caso puedes ponerme un pseudónimo, por ejemplo “Pulgarcito”
-Jajajaja…
-Bueno entonces el jueves ¿te vienes con nosotros al seminario en Santiago? -añade él, mientras nos dirigimos a otra oficina de la misma empresa.
-Pues… no sé si podré. Porque si debo cumplir el horario de las prácticas, sólo me podría quedar hasta las 2. Es, más que nada, por lo del seguro, que son estrictos por si nos pasa algo fuera de ese horario, fuera del local.
-Bueno, yo de eso no me fío mucho, es más bien un requisito.
-Mira que si tropiezo y caigo al suelo… ¡se os cae el pelo!
-Estoy yo todo compungido porque te vayas a caer… ¡Estoy por dejarte en un banco sentada y recogerte al  volver!
Llegamos entonces a la otra oficina. Me presenta (además me encantó, no como “estudiante en prácticas de una semana” sino como “colaboradora”. ¡Así da gusto!)
Pero los chicos, afanados en sus ordenadores, no se le levantaban.
Hasta que pasa a nuestro lado una de prácticas, que se marchaba y entonces aprovecha para presentarse.
-Desde luego… -dice Miguel- ¿Se presenta la de prácticas y vosotros no? Qué maleducados sois por Dios!
Con semejante indirecta-directa, acaban por levantarse todos y cada uno a saludarme…
-¡Qué educados son estos chicos! -Digo, partiéndome de la risa, a Miguel.
-¿A que sí? ¿Has visto?
Al día siguiente vamos a buscar a los socios internacionales.
¡Cuidado! ¡Tenemos que cruzar por el paso de peatones! -Recuerdo a Miguel en broma, por lo de mi seguro.
-Es cierto -añade irónicamente serio. Debemos adoptar una actitud más cívica, que ahora entramos en mentalidad europea…
-Jajajaja, claro, si no, dirán que estos españoles se saltan las normas a la torera.

En otro momento de mi variopinta semana con Miguel, estamos colocando libretitas en mesas para una ponencia que iba a dar él. No sé por qué, me llegan reminiscencias de mis tiempos de camarera en Italia, cuando comprobábamos viendo de perfil si estaban todas las sillas alineadas.
-¿Qué le pasa a las sillas? -me pregunta Miguel.
-Nada, estoy poniéndolas todas iguales.
-¿Pero tú no eras la que odiaba las coreografías, que preferías el baile espontáneo y natural? ¡Deja que las sillas se expresen libremente!
-Jajaja.

Seguimos charlando y cuando creo terminar, me doy cuenta de que me había dejado una fila de sillas atrás. Me vuelvo mosca hacia esa fila.
-¿Qué pasa? -pregunta preocupado- …¿Se te ha movido una silla?
-Jajajaja.
*Gracias Miguel por las risas, y por todas y cada una de las enseñanzas compartidas. Pero, sobretodo, por la del último día:
-Qué importa lo que piense el mundo. Si tu mundo… eres tú.
Así que ya sabéis. Siendo así… dejad que vuestros mundos -al igual que las sillas- se expresen libremente.

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