Enseñar con la vida

Hoy me cuenta mi madre el caso de un concurso que salió en la tele en el que ganaba el que bebiese más cerveza en menos tiempo.
Ganó un chico que se bebió en 20 minutos seis litros.
Ganó… y murió. Demasiado líquido para el cuerpo en tan poco tiempo.

Te da pena un chico joven.
“No tenía sentidiño”, puedes pensar.
A lo que yo digo: “Pues pobre de él, precisamente por no tenerlo”.
Doy gracias yo por tener, aunque sólo sea un poco más (al menos, eso no lo haría).

Puede, quizás, que tengamos que aprender algo con su muerte. Puede que evite que otros hagan algo similar.
Él enseñó con su muerte. Yo quiero enseñar con mi vida.

Y tú… ¿a qué vas a esperar para enseñar?

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