Medición de distancia de frenado en toxos

Gracias por las fotos,
pero en las que salgo con cara de flipada volando,
mándamelas al correo,
al Facebook mejor no
¡Qué va! Si sales bien,
hay algunas en las que sales riendo…
Sí, lo de reír me lo creo.
Bueno, y qué, ¿hoy vas a volar?
Sí, hoy en teoría se puede, ¿vienes?
Si me dices que va a ser más emocionante
que la otra vez,
igual me lo pienso.
De lo contrario…
¡me quedo en casa escribiendo mi blog!
La emoción depende de la meteorología,
así que más tarde te confirmo
Tú prepara una sesión de parapente buena,
que luego le hago una crítica en mi blog jaja
¿Pondrás una foto mía? ¿Y vas a hablar bien?
Hablaré mejor que bien…
con una condición
¡Cuál!
Que me firmes los derechos de autor de las fotos
¡Estás loca!
¿Me vas a pedir que te firme un papel?
¿Para qué?
Hay que tener todo bien atado…
Me sorprendes, te lo juro, eres extrañísima…
Jajaja no eres la primera persona que me lo dice
A mí me lo dicen también,
y yo siempre digo que la extrañez da exclusividad
Eso me gusta…
________________________________________________________________________
          Algo más tarde quedo con mi amigo Carlos para hacer parapente.
Una vez llegamos a lo alto del mirador desde el que nos íbamos a lanzar, nos colocamos todos los trastos (arneses, casco, cuerdas y más cuerdas).
 A mí me preparaba él mientras yo me dejaba en plan niña pequeña. Al acabar, me pregunta en un tono protector paternal:
-¿Estás lista?
-Sí papá -le respondo – jajajjaja. A lo que contesta, visiblemente molesto:
-“Papá” dice la tía, ¡te voy a dar!
         Nos ponemos en posición de “despegue”, preparados para correr, coger impulso y lanzarnos al vuelo hasta la playa
Aguanto la posición hasta que viene el viento y Carlos grita, como siempre que ni que pensara que estoy sorda:
-¡¡¡CORRE CORRE CORRE CORRE CORRE CORRE CORRE CORRE CORRE CORRE!!!
          Normalmente no para de gritar hasta que nos “enganchamos” con el viento y éste nos lleva, pero esta vez se queda corto (o el viento, o mis piernas) porque yo pataleo pataleo pero no llego al suelo. Y Carlos me dice CORRE CORRE pero yo veo que corro en el aire y en vez de subir, cada vez nos vamos más para abajo así que con no mucha altura (un metro, o medio) nos volvemos al suelo.
          Aquello fue bestial, no por el golpe, sino por el impacto mental. Ver que vas contra unos toxos y no lo puedes evitar, yo que en mi vida nunca me caí en bici ni nada, siempre supercuidadosa… ¡Allá me veís! ¡¡¡PLAF!!! Espatarrada entre los fentos. Estaba de foto y es que fue mortalmente divertido. Qué risas, pero pensé que iba a ser peor al verlo venir, dentro de lo que cabe no tenía nada, ningún pinchazo. Sólo un par de arañazos como de gato, eso sí, para ser de gato, un poco largos de más…
          Volvemos a subir y lo volvemos a intentar, pero no daba soplado el viento, así que seguimos allí con los brazos estirados preparados por si acaso.
-Bueno, yo mientras voy a meditar, a ver si me concentro para que venga el viento -digo. Y pongo posición de meditación con los brazos. Carlos se ríe.
-Tú ríete –le digo yo–  ¡pero mira cómo ahora viene brisa!
-Sí, ¡que iba a ser por ti!
-¡Tú déjame a mí! Y claro, yo me quería concentrar pero no me dejaba en paz ¡Qué plasta! Si hubiera estado Carlos cuando los indios Sioux hacían la danza de la lluvia se hubieran quedado secos.
         Lo volvemos a intentar pero nada, realmente hacía muy poco viento y yo no corría nada, me daba la sensación de correr en el aire o resbalar.
Caímos una segunda vez, pero un poco mejor (ya uno se va profesionalizando en caídas) con los pies estirados hacia delante y frenando.
      Lo intentamos una tercera vez. Una chica cuyos amigos se habían lanzado en parapente desde el mismo sitio, habla con ellos por teléfono (mientras volvían desde la playa en la que habían aterrizado). Les decía:
-No, Carlos no consiguió despegar. Es que la chica con la que va no corre, se ríe.
Jaja ¡cierto cierto!
-No te ofendas por el comentario -me dice Carlos.
-Hombre, no me había ofendido porque es verdad, pero ahora que lo dices… ¡me ofendo!  Jaja  yo correr corro, pero si me voy a caer igual ¿por qué no reírse?
-Eso es cierto, hay gente que se cae pero es una sosa, tú al menos eres divertida. Pareces “una risa con patas”.
Una risa con patas, jajajaja qúe gracia me hizo el término.
          A la tercera fue la vencida (gracias a dos compañeros suyos que nos impulsaron y casi salen volando agarrados a mi arnés).
Una vez en el aire, nos sacamos las fotitos de turno con una cámara especial que dispone de mango plegable. Le digo que me deje dirigir un poco el parapente y luego sigue él.
        Las vistas eran increíbles. La verdad es que el parapente sería un muy buen instrumento para promocionar el turismo de las rías, las vistas eran espectaculares, ¡y yo creo que nada más te las puede ofrecer! Porque desde un avión tan alto no ves eso, un mirador fijo que tampoco, como no sea un globo aerostático… No, nada más te las puede ofrecer.
          Entonces cierro los ojos, extiendo los brazos, abrazo el viento y voy a decir:
-¿Sabes? Desde pequeña soñé con volar…
Cuando de repente bajamos en picado, hacia un lado, después hacia el otro, y yo claro, chillando como un cerdito linchado.
Casi me quedo sin volver a hacer parapente porque… ¡casi lo mato!
Esto pasa por meterte con él en tierra. Métete con él en tierra que te las devolverá volando.
Y yo gritándole, la voz temblando:
-LA SENSACIÓN MOLAAAAAAAAAAAAAAAAA ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡PERO AVISA ANTES!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
         Y es cierto, la sensación molaba, era como un parque de atracciones, pero no daba la sensación horrorosa de bajón, como si te quedara el estómago en la garganta que te hace pasarlo fatal. Para nada, era mucho más suave, sin dejar de ser emocionante. Sentías que ibas a velocidad pero no sabías mucho hacia dónde (yo seguía con los ojos cerrados y es que no sé si era el viento, el miedo o lo qué, me impedía abrirlos).
          Cuando por fin suaviza, puedo apreciar la vista del mar, el azul verde turquesa de la playa de Lapamán, el contraste con el tono de la arena, las rocas, los barquitos, la gente al nadar…
-Lo que no sé es dónde vamos a aterrizar –escucho detrás…
-Genial, pues si no lo sabes tú que diriges el cacharro lo voy a saber yo…
         Planeamos sobre la extensión de arena, a medida que nos vamos, poco a poco, acercando a ella.
-No me digas que vamos a aparcar en los contenedores – digo yo, al ver que era el único espacio que había libre.
-Pues sí.
-Fenomenal…
Yo estaba plácida y feliz, sabiendo que iba a realizar mi segundo aterrizaje parapenteaéreo en unos basureros de playa.
         Así como estamos a 20 metros de la arena empezamos a patalear y enseguida llegamos al suelo. Me caigo, pero me levanto rápidamente y sigo corriendo hasta que el parapente que todavía avanza en el aire, llegue al suelo, de lo contrario nos caería encima. La vez anterior yo frené en el suelo bien, y habiendo frenado bien, allí me quedé, pero al parecer había que seguir corriendo hasta que el parapente se baje. Así que en ese primer aterrizaje, Carlos me cogió por la mochila y me levantó en el aire… ¡con una mano! Si es que este chico… ¡servía para guardaespaldas y policía nacional!
         Después de saludar a los fans (los niños que se acercan y te miran tiesos en el sitio con cara de apampanados, tal cual viesen un marciano aterrizar), digo:
-Bueno, ¿y ahora qué?, ¡un bañito! (Esta vez ya me había traído el biquini toda “prepará”.) Mira, hago biatlón -digo a Carlos- aire y agua… ¿y tierra? ¡Ah! ¡La carrera que nos echamos en los toxos!
Y confirmo entusiasmada:
-¡Es triatlón!
Me di un bañito disfrutando de la calidez del agua, mientras sobre mi cabeza volaban otros compañeros.
¡Qué bien me lo pasé! ¡¡Quiero hacer parapente otra vez!!
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Al llegar a casa, después de verme la piel, escribo a Carlos:
Mimá ¡qué marcas tengo en la pierna!
Mi madre me preguntó
si me había peleado con un gato.
¡Pues la mía se rió! Me dice:
¿No querías emociones fuertes?
Jajajaja
Por cierto ya vi el video
que grabamos con la cámara.
Se te escucha gritar que en vez de creer
que es un vuelo en parapente,
pareces un cerdo en plena matanza.
Jajajjajaja
Voy a hacer un politono con tus chillidos… Ideaza!
Ok te cambio mis super chillidos
por tus comentarios para el relato jaja
A la mañana siguiente, de nuevo alucinaba con los rascazos, que se notaban cada vez más.
Jolín, pero tremendos rascazos…
Ya te digo, yo me estoy sacando pinchos…
Yo no tengo pinchos,
pero solamente un rascazo ya me mide 20 centímetros.
…Buscando lo positivo, ¿Sabéis para qué es bueno esto?…
Para medir la distancia de frenado en toxos, jajajaja
toxos-asesinos

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